Nada les gusta más que reír de los otros, “los burlistas”, “burlones” son especialistas en encontrar errores en los de afuera. Miran de arriba hacia abajo cada vestigio de “otredad” que encuentren. En nombre de “ponerle onda” se despachan con comentarios desubicados tapados con una risa desenfrenada que nada tiene que ver con alegría compartida. Y a la cara enojada del burlado, le sigue un “era un chiste, no tenés humor”. Así de fácil, el humor está en los otros, no en ellos. Los burlados deben reír sin más de los chistes desafortunados del o la humorista galardonada.
Y sin entrar en ningún tipo de “evolucionismo” diremos que la risa burlona (excesiva) es una conducta primera, que hay que poder superar. Y aunque suene a “disciplinamiento”, podría decirse que con el tiempo la risa se va educando. La risa prejuiciosa es irrespetuosa, la risa a media es risa forzada, la risa en velorios es desubicada, la risa acrítica es estúpida. Y así se convierte en social, con sus respectivas funciones.
“Menos ojeras y más carcajadas” decía uno de esos sabios de la vida. Cierto es que hay situaciones en las que una piensa “Bueno querid@, ¿vamos cortando con la carcajada?”. Hay momento en que una tonelada de ojeras repararía el hartazgo de esas risas puercas que escupen saliva de burla “nauseabunda” (como les gusta decir al diario RN).
Pelo, ropa, acento, comentario, opinión, ideología, delgadez, gordura, cualquier cosa les es cómodo para su insoportable levedad del ser.
Si querés reirte de tont@s, no vayas muy lejos, mirate al espejo.

Muy bueno ani! es verdad, hay de esto en todas partes...
ResponderSuprimirComo siempre, me resultan muy entretenidas tus notas y me dan ganas de leerlas completas.. :)
besos!
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