Cuestión de habitus o cuestión de vaya yo a saber, el tema es que me cae muy mal la gente “conchuda”.
Me sorprende demasiado la gente que se distingue del “otro” por el simple hecho de tener “buenas costumbres”. Digo, ¿cuáles son las buenas o malas costumbres?
La gente como Mirtha Legrand me repugna con todo mí ser. “Mal educación”, “no respeto” pasan para la señora por cosas que a mi me parecen cotidianas. Cortar el pan arriba del plato para “La grande” es ser un maleducado, sin costumbres, o mejor dicho sin buenas costumbres. “El pan se corta a un costado del plato, ¿cómo no sabés eso?” Disculpe señora mi ignorancia nadie me enseñó jamás algo tan extraordinario como saber el modo de cortar un pedazo de pan.
Las señoras como Mirtha Legrand son de las buenas costumbres. Ellas no dicen malas palabras, los groseros son los otros, los populares. Las damas distinguidas jamás van a pronunciar una puteada a pesar de que sean amigas de los seres más groseros e hijos de puta de la historia argentina. Y si dicen un “carajo, mierda” en público, se repite en el medio una y otra vez con sorpresa. “¿Cómo la señora con diamantes en sus manos puede haber dicho semejante barbaridad?”.
Al enunciado "Hay mucha cabecita hueca en Miami", la señora de las buenas costumbres responde "¿mucho cubano, no?". También la señora eduacada pregunta "Un gay que adopte un chico, ¿ Lo puede violar?"
Las señoras de vestidos finos y joyas caras no pueden creer tanta mala palabra, se horrorizan, se sonrojan. Tampoco entienden tanto chico drogado, tanta violencia, “tanto pobre”. Sin embargo no les avergüenza en absoluto ser amigas de las familias oligarcas más garcas del país, ni les horroriza haber sentado en su mesa a los seres más pusilánimes de Argentina. Ni callar en dictadura.
Las señoras de las buenas costumbres no dicen nada de la fuente originaria de tanta miseria porque son cómplices de todo ello, ellas aman el neoliberalismo, ellas veneran los tiempos de Carlitos, aman la vida distinguida del country y les resulta un espectáculo la gente que come chori-pan y salta en las canchas de fútbol, un drogadicto es un fenómeno a entrevistar: “¿Te gusta drogarte? ¿Pensaste en trabajar alguna vez?”.
La gente de las buenas costumbres se siente perpleja ante tanta violencia, sin embargo se muestra a favor de la pena de muerte, de la baja en la edad de imputabilidad. Vociferan “más policía, más mano dura para combatir la delincuencia”, pero eso sí sin decir malas palabras.
Las buenas costumbres de esta gente me importan demasiado poco. Tengo la fortuna de no tener fortuna y de sorprenderme de este lado. Me sorprende tanta violencia de clase, me sorprende tanta necesidad de distinción, tanta ignorancia, tanta indiferencia para con los pares. Me sorprende tanta señora de punta en blanco orgullosa de “tener clase”, tanta necesidad de ser “nosotros” marcando diferencia con un “ellos”, “tanto constructores de otredad”, eso si que me escandaliza.
Todo ello, y nada más que ello, me parece de muy mala educación.
Hace 1 año.