jueves 3 de septiembre de 2009

La vida lejos de casa...

Son las 3 de la mañana y sigo despierta como todos los días.


Desde hace 4 años, cuando dejé mi casa para venirme a Roca a estudiar, duermo distinto. La mañana es algo que no conozco, solo los días que tengo que salir a pagar boletas porque se me vencen ya.


Mi vida cambió por completo. Y a veces siento que la vida que elegí no están fácil, o mejor dicho no es tan buena como vivir en casa con papá y mamá.

Ser estudiante implica ser conciente de que la familia n
o se ve hasta el receso universitario. O se ve muy pocas veces al año porque viven a 600 km.


Significa saber que voy a acostarme a las 5 de la mañana y a la mañana no habrá nadie que me despierte con la leche o un mate ni que reniegue porque mi pieza es un quilombo.

Significa saber que aunque la cocina no es mi fuerte debo comer, por ende el riquísimo almuerzo o cena de casa, es ahora un asqueroso invento sin sabor. Los almuerzo se vuelven meriendas y las cenas, si se cena, no tienen horario.


Implica empezar a lavar a mano, lavar los platos, sacar las bolsas de basura todos los días, ordenar la pieza, mantener el baño, pasar el trapo, limpiar los muebles, empezar a hacer todos los días esas cosas que antes eran esporádicas.


Ser estudiante es saber que ya no habrá gritos en casa ni visitas de los amigos de mamá, ni perros ladrando, ni un sobrino revolucionando la casa con sus hotwheels. Ni mamá cantando a los gritos Teresa Parodi ni papá balbuceando “quien me enseñó a ser bruto, ¿quien me enseño? ¿Quién me enseñó?”, una canción de Larralde más vieja que ninguna.


No hay mimos ni todas esas tontadas que a veces necesitamos, no hay malcrios bobos como que mamá nos limpie la pieza , que salga a hacer las compras y vuelva con un regalo, que nos de más plata de lo normal un fin de semana , o que papá nos de un beso antes de irse a dormir diciendo "las amo mi amore".

Jamás volvés a sentirte “como en casa”, porque los 2 ó 3 dptos por los que pasas no los sentís tu casa, siempre estás de paso.


Significa alegrarse los 5 de cada mes porque podés comprar en el super y los viejos te mandan la plata para los gastos. Pero significa contar monedas un 25 de cada mes y saber que de un paquete de arroz y una caja de caldos, hay que sacar todo tipo de comidas.


Significa mil puteadas porque el agua sale fría, porque se rompió un caño, porque Roca se quedó sin agua, porque cuando llueve el agua se filtra y la pared se vuelve una mancha de humedad gigante.


Sin embargo, cuando sos estudiante conoces gente maravillosa que te da una mano. Compañeras de estudio, amigas, amigos, personas de todo tipo que se vuelven esenciales para mantener el ánimo y sobrevivir cuando vuelve a nosotros la idea de que estamos muy lejos de los pilares esenciales de nuestras vidas, la familia. Por eso te aferrás demasiado y te volvés estúpidamente enamorada de todos ellos porque en cierto modo se vuelven tu familia.


Ser estudiante hace valorar aún más las cosas. Una cena en familia se vuelve un sueño y jamás te emocionó tanto pensar en los asados de domingo o las pizzas de los viernes de papá.

Recordar los enojos de los viejos, las peleas y muchas cosas que antes irritaban, se convierten en anécdotas divertidas y extrañadas después de 6 meses de estar fuera de casa.